El pasado miércoles 4 de abril asistimos al estreno del Holandés Errante en Barcelona.
“… Desde la lejanía de otros tiempos me habla la imagen de esta muchacha: tal como la soñara desde temerosas eternidades la veo aquí ahora ante mis ojos…”
No quedaba casi ninguna butaca libre en el Liceu cuando Wagner desembarcó en una Barcelona lluviosa y nos trasladó a las lejanas y frías costas de Noruega para pensar un rato en la muerte y en el amor.
Aunque criticada por algunos al final, la puesta en escena de Álex Rigola fue muy aceptable, manteniendo la tensión y el misterio del mar y sus navegantes en un escenario actualizado.
La interpretación de este iniciático poema romántico estuvo a la altura y todos los protagonistas, tanto Senta y el Holandés como sobretodo Daland y Erik consiguieron sus merecidos aplausos.
Leo en la crítica de El País que los personajes, a excepción de Erik parecen no tener alma, que no resultan creíbles y que la fiesta a modo de botellón y los tres desnudos femeninos no venían a cuento… Sin duda tengo que continuar aprendiendo a mirar … porque a mi me da por felicitar a Rigola, … aunque felicitar no esté de moda.
El símil poético conseguido a través de los desnudos simbolizando la respuesta de los fantasmales marineros escandalizando el mundo cerrado del pueblo que los llama a participar en la fiesta me pareció muy acertado, aunque posiblemente escandalizase de paso a algunas filas de tan conservador espacio.
También la aparición de parejas de enamorados mirando al mar en paralelo al encuentro del Holandés y Senta me pareció de una gran sensibilidad.
Quizás, como ocurre en estos casos, es posible que invertir casi 200 euros por pareja por una mala entrada en el segundo piso, produzca inevitablemente la plena satisfacción del aficionado y que por ello sea obligado dejarse llevar por la música, que siempre es mágica y disfrutar al máximo cada céntimo invertido.
“… Al fuego tenebroso que siento arder en mi interior, ¿Lo puedo llamar amor? …”